Solo miro, tiemblo y cubro mi rostro mientras
su hálito negro se extiende.
La noche
viuda de la luna
sacude su manto oscuro.
Un hombre
mira dentro sus cuencas
anegadas en ceniza.
El cerezo
llora flores blancas,
secas de llanto.
¿Qué es eso tan vasto que abarca todo y lo define?
Como un Dios cruel y arrogante,
o como miradas dolorosas a distancia,
o intestinos dejados a intemperie en un desierto;
cobra forma su materia específica,
cobra un peso de bloques a la espalda.
O como el mendigo en su cruz,
suplicando de rabia,
adquiere fragancia.
Ahí frente a mis huesos surge:
mujer,
demonio,
grito.
jueves, 6 de mayo de 2010
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