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lunes, 18 de octubre de 2010

Donde las Corrientes se Despeñan

Enfin, pour compléter ton rôle de Marie,

Et pour mêler l'amour avec la barbarie,

Volupté noire! Des sept Péchés capitaux,

Bourreau plein de remords, je ferai sept Couteaux

Bien affilés, et comme un jongleur insensible,

Prenant le plus profond de ton amour pour cible,

Je les planterai tous dans ton Cœur pantelant,

Dans ton Cœur sanglotant, dans ton Cœur ruisselant!

Charles Baudelaire, À une Madone

.

A pesar de estar cansado, decidió esperar a que dieran las tres. No es que le apeteciera permanecer en el instituto, aunque tampoco le molestaba. Pero en la radio había escuchado que una manifestación pasaría muy cerca alrededor de las dos. Seguramente habría un embotellamiento y tendría que esperar hasta una hora debajo del sol blanco de las dos de la tarde. Para matar el tiempo, puso un disco en su pequeña grabadora y siguió leyendo una novela que había empezado hace tiempo. La novela trataba sobre tres hermanos, uno de los cuales, Dimitri, había sido acusado de matar a su padre. Éste personaje le resultaba profundamente odioso, le recordaba a su propio hermano, por ebrio y por idiota. Esta repulsión se veía agravada por la molestia que sentía al no recordar bien los pormenores de la historia. No estaba seguro de si Dimitri era o no culpable. Recordaba que en una parte crucial, durante un ataque de celos, Dimitri fue a la casa de su padre y golpeó a alguien en la cabeza. Pero no lograba recordar a quién, y dar vuelta a las páginas, para buscar esa parte, le daba pereza. Decidió dejar en paz la novela, le resultaba fastidioso no saber qué es lo que realmente sucedía. Solamente leía novelas en momentos como este. Bajo la incomodidad de la espera o el aburrimiento y sólo para matar el tiempo. Además, ya casi daban las tres.

La manifestación había pasado, solamente quedaba uno que otro rezagado con su pancarta y su gorra. También había menos gente que de costumbre, por lo que logró alcanzar un lugar al fondo del autobús. Miraba hacia los eucaliptos, pensó que serían árboles más bonitos si su resina oliera más fuerte.

–No son árboles que llamen la atención por algo en especial, definitivamente les ayuda su olor. –pensó

–Disculpe. ¿Me da permiso? –le dijo una chica que acababa de subir al camión.

Estaba en el otro asiento al de junto a la ventana, por lo que tapaba el paso a quien quisiera sentarse. Se levantó para que pudiera pasar y ella se sentó a su lado. Pero más importante que todo esto: la chica era hermosa. Aunque dirigido hacia los eucaliptos, su atención estaba en el tacto de su rodilla contra la de ella, en el reflejo de su rostro en el cristal y en su levísima fragancia.

"–Llegué a pensar que nunca llegarías, Martha. Además, no esperaba encontrarte en un autobús. Creí que la situación tendría alguna consistencia con cierto tipo de cosas y lugares. Y un autobús no me parece un lugar adecuado. No te sé decir muy bien cuál sí lo es. Tal vez debajo de las jacarandas cuando están cargadas de morado o en la taquilla del cine. Pero este no, estarás de acuerdo. Aunque no importa. Estos detalles poco importan.

Claro que no importan, estos detalles sólo son relevantes porque tienen sentido en tu fantasía. Aquí estoy y aquí estás. Así que deja de pensar en cómo, cuándo y dónde debería de haberme aparecido. Eres incorregible."

–Con permiso. –le dijo la muchacha, señalando la puerta del autobús.

–Sí, disculpe, estaba distraído.

"–Te vas como la vez pasada. Me dices que no importan las circunstancias. Pero lo cierto es que no te importan, porque tampoco te importa verme. Deberías decirme de una buena vez si estás viendo a otro. Para dejar de molestarte. –pensó."

Al día siguiente decidió también esperar a que dieran las tres. No era una mala idea, la mayoría ya salieron de los institutos a esa hora y las calles estarían un poco más vacías. Ayer hizo la prueba y pudo ver que saliendo a las tres, se puede estar muy bien. Puso un disco en la grabadora y siguió leyendo la novela. Aunque continuaba molestándole no saber qué es lo que realmente sucedía. Incluso aumentó su confusión el que Dimitri quisiera cumplir con la condena a pesar de decirse inocente. Acaso quería ser castigado por el crimen, sin tener que admitirse culpable frente a sus hermanos y la sociedad. Pensó que era noble su arrepentimiento. Pero que en personas como él, en quienes no tendrá otras consecuencias además del lloriqueo del momento. El arrepentimiento resulta simplemente grotesco, si se me permite el oxímoron.

Dieron las tres de la tarde y salió del instituto. En el autobús, unos estudiantes platicaban vivamente. Había ya pocas personas de los institutos, la mayoría ya se habían marchado. A su izquierda, un grupo de tres estudiantes hablaba del partido de fútbol que acababan de ganar. No le prestaba atención a su conversación, sino que solamente observaba sus caras sudorosas y sonrientes. No le gustaba la docencia, aunque no por molestarle el contacto con los jóvenes. De hecho, este tipo de imágenes solían dejarle una sensación de contento algo vaga. Como cuando, sin que te lo diga, te das cuenta de que un amigo tuvo un buen día.

Un grupo de estudiantes subió en la siguiente parada. Entre las personas del grupo iba la misma chica del día anterior. Iba sonriente, bromeaba con sus amigos.

"–Entiendo que la diferencia de edad puede no ser algo para tomarse a la ligera. Se nota que la pasas mucho mejor con tus amigos de lo que la puedes pasar con alguien como yo. Pero al menos deberías ser sincera conmigo y decirme si estás viendo a otro o simplemente ya no quieres nada conmigo.

No es que la pase mal contigo. La verdad es que me enseñas muchas cosas. Lo que pasa es que parece que quieres tomar las cosas de una forma muy seria y me da miedo. No creas que te estoy diciendo que ya no quiero saber nada de ti. Solamente digo que necesito pensarme las cosas un poco.

Mira, no me mal entiendas. Estoy perfectamente consciente de que puedes no querer una relación como la que busco. Pero quiero que entiendas que no saber sobre qué suelo estoy parado me vuelve loco. Sólo seme sincera.

–Claro, te entiendo y créeme que lo estoy siendo, confía en mí."

Pensó que tenía la misma expresión de quietud resignada que una virgen de Filipo Lippi. Sintió curiosidad por saber cómo viviría una persona como ella. ¿Cómo sería su casa? ¿Qué clase de cosas haría en su tiempo libre? Bajó en la misma parada que ella y la siguió a una distancia prudente. De cualquier modo, tenía una apariencia que encajaba a la perfección en la del académico corriente. Por lo que no había por qué preocuparse de no llamar la atención.

Llegaron a una colonia modesta. Muchas de las casas tenían el aplanado de las paredes desprendido y pequeños jardines de mal gusto. Pensó que no era un lugar consistente con una madonna renacentista. Que la avenida cercana era ruidosa, llena de microbuses conducidos por personas voluntariosas e impacientes. Finalmente llegaron al pie de un edificio de apartamentos. La muchacha tocó en alguno de los números y esperó. Él pegó la espalda contra una camioneta lo suficientemente alta como para cubrirlo.

"Aguantó la respiración. Esa no era la casa de Martha, ella vivía unas calles más arriba. Pensó que tal vez sólo estaría visitando a algún conocido de la zona. Pero eso no podía ser, ella misma le había repetido muchas veces que quería irse de ahí. Que poco tenía que hacer en ese lugar y con esas personas."

Un muchacho se asomó por la ventana.

–Debe estar abierto, pasa. –le dijo.

Sintió que la sangre se le iba a la cara.

– ¡Puta, puta! ¡Primero este lugar de mierda y luego esto! ¡Puta! –dijo, esforzándose por no gritar.

"Sentía una profunda opresión en el pecho. Pensó que estaba mejor así. Dolía, pero era mejor que estar haciendo al tonto por más tiempo. Que esa historia no sólo iba terminar en cualquier momento. Sino que podía terminar con un drama innecesario.

–Ni qué hacerle. Mejor me voy a mi casa."

Todavía se escuchaban sus pasos subiendo por la escalera. La siguió hasta el departamento 403, tratando de no hacer ruido. Entró en el departamento justo después que ella. Los dos chicos, abrazados, lo miraron sorprendidos. Nadie dijo una palabra. El departamento estaba desordenado. La luz que entraba por las cortinas iluminaba el polvo que danzaba en el aire. Los ojos de la chica se abrieron y su labio superior se levantó ligeramente, en un gesto de ira y sorpresa. De nuevo la sangre se le iba a la cara. Tomó un cenicero de piedra y la golpeó en la cabeza. Después lo golpeó a él y siguió golpeándolos. La sangre les manaba abundante.

–Tengo las manos llenas de sangre, me las voy a tener que lavar. –dijo.

jueves, 22 de julio de 2010

Ya casi llegamos

Tres y cuarto de la mañana, las cosas no salieron como esperábamos. Estamos totalmente empapados, todavía esperando a que nos recoja un taxi. Deberíamos estar festejando con las copas en alto, rebosantes de vino. Sin embargo, ahora mismo tiemblas de frio. Por ahora, mientras no llegue un taxi, no puedo hacer mucho por ti. Aprieto mi cuerpo contra el tuyo y paso mi mano por una de tus mejillas, espero te de algo de calor. Aunque no tengo muchas esperanzas con semejante lluvia, ni que hacerle.

Estoy seguro de que todo habría salido bien si hubiéramos planeado mejor las cosas. Pero nuestro entusiasmo era tanto, que no nos molestamos en reparar en los detalles. En realidad no era necesario, no era de esperarse que pasara esto. Aunque al final, ya ves. Se supone que hoy sería la gran noche. En cambio estamos aquí, empapados y esperando a que nos recoja un taxi. Y sí, también tu asunto, espero me perdones. Se supone que nada de esto debería estar pasando. Sí, seguro que tú entiendes. Y aún así, tiemblas, tiritas. Tienes mucho frío, ¿verdad? Mira, ahí viene un taxi, no te preocupes.

-Por favor siga todo Churubusco, yo le digo cuando haya que dar vuelta.

Naturalmente esto termina con nuestros planes. A mí me habría gustado ir de vacaciones a Sudamérica. De tanto escuchar a mi abuelo decir que la Pampa esto, la Pampa aquello, terminé con ganas de conocer el lugar de una vez por todas. Tú, en cambio habrías querido algo que pudieras tocar con las manos. Un coche para impresionar a las mujeres y luego poder acostarte con ellas. A decir verdad, una de las razones por las que quería las vacaciones en Sudamérica, es que es algo para hacer juntos. No es que me moleste que te acuestes con cualquiera, al final es tu problema. Pero no quiero ni imaginarme lo que harías tú solo en la ciudad con un coche nuevo. Seguramente la próxima vez que te viera, estarías en un parque, inconsciente y con la camisa vomitada. De cualquier modo, ya no vamos a poder hacer nada de eso. Por lo menos no durante los próximos años, lo que se viene va a ser difícil.

Recárgate en mi hombro, sería mejor si lograras quedarte dormido. La cabeza te apesta a sudor y colonia. Me parece hasta inapropiado que en una noche como esta, hayas decidido usarla. Desde que te conocí, siempre has sido del tipo que incluso en los funerales busca involucrarse con la viuda. Aunque como te digo, eso no deja de ser tu problema. El taxista no deja de vernos por el retrovisor, seguramente el maldito ya se dio cuenta.

-¿Ustedes son los que se agarraron a tiros en el banco? Por favor bájense, yo no quiero problemas.

-¡Cállate y maneja, o te abro la cabeza!

No te preocupes, ya casi llegamos. Tienes la camisa toda ensangrentada. Perdóname, debí haberlo matado cuando tuve la oportunidad, cinco segundos después te disparó y ya ves. De cualquier modo, todo va a estar bien. Ya casi llegamos.

-A la derecha en la Avenida Cuauhtémoc.

Mira, ya se ven las luces rojas y azules, aunque todo está negro. Ven, dame tu brazo, te ayudo. Es por aquí, ten cuidado, no vayas a tropezar. Lo que nos sigue va a ser difícil. Pero por lo menos vas a estar bien.

jueves, 6 de mayo de 2010

Lo que pasa por leer a Neruda

Solo miro, tiemblo y cubro mi rostro mientras
su hálito negro se extiende.

La noche
viuda de la luna
sacude su manto oscuro.

Un hombre
mira dentro sus cuencas
anegadas en ceniza.

El cerezo
llora flores blancas,
secas de llanto.

¿Qué es eso tan vasto que abarca todo y lo define?

Como un Dios cruel y arrogante,
o como miradas dolorosas a distancia,
o intestinos dejados a intemperie en un desierto;
cobra forma su materia específica,
cobra un peso de bloques a la espalda.
O como el mendigo en su cruz,
suplicando de rabia,
adquiere fragancia.
Ahí frente a mis huesos surge:
mujer,
demonio,
grito.

martes, 2 de marzo de 2010

Las cosas detrás de las cosas


 

Tiempo después de comenzada la discusión, Fernando comenzó  a pensar que Carlos Estrada era un payaso y no había forma alguna de hacerlo entrar en razón. Hacía un par de horas, habían comenzado una discusión en la cual Estrada se empecinaba en hacer ver como igualmente plausibles que las explicaciones "del sano sentido común" de Fernando, sus invenciones intencionalmente farragosas. Estrada sostenía que por lo que sabía Fernando, era posible que en el momento en que él apartara la mirada de cualquier cosa, ésta se volviera transparente y perdiera consistencia, transformándose en algo parecido a gelatina. A esto respondía pacientemente al principio y con cierta condescendencia, como quien de antemano sabe ganada la batalla. Paulatinamente, la condescendencia se tornó en impaciencia. Fernando quedaba cada vez más sorprendido de la forma en que desechaba una alternativa plausible por otra inverosímil, en una manera que a sus ojos no podía ser sino debida a puro capricho.

Antes de proseguir a otras cosas, debemos aclarar un detalle importante. ¿Por qué un payaso y no más bien un simple bobo? La respuesta no nos es difícil ahora que todo ha pasado y podemos ver la imagen completa, a diferencia de como a Fernando seguramente le parecía en su estado de confusión y enojo. Un payaso es aquella persona que se enharina la cara, se pone una gran nariz roja y ofrece una ficción que se sabe ficción con el propósito de hacer reír. Y por esto último, caracterizar a Carlos como un payaso, es un error. A diferencia de lo que pudiera creer Fernando, Estrada no buscaba tanto la risa como el asombro y las posibilidades que abren el enigma. La idea de dar respuesta a cualquier cuestión sobre las cosas del mundo, no solo le parecía exagerada por pretenciosa, también le parecía dañina, pues las respuestas por definición desvanecen el enigma y las posibilidades que como su sombra, le siguen a todas partes. En cualquier caso, creo que llamarlo mago o ilusionista habría sido más adecuado.

–Mira, te concedo que no solo por ser posibles las ideas de los fideos omni abarcantes y de la gelatina, debemos creer que son verdaderas. –dijo Carlos, sonriendo como quien acaba de romper una ventana de una pedrada.

–Payaso…–dijo Fernando, luego comenzó a rascarse nerviosamente el cuello, visiblemente irritado.

–Prometo dejar de decir cosas nada más por encabronarte. –rió Estrada. Pero ahora escucha esto y piensa si no te parece razonable, aunque sea un poquito. Pongamos por caso todo esto sobre la mesa. ¿Qué es eso? –señaló algo.

–Una pluma.    

– ¿Qué es esa otra cosa?

–Una revista.

– Estas cosas sobre la mesa tienen los nombres que muy amablemente mencionaste. Esos nombres, como buenos adanes, se los pusieron algunas personas en situaciones de una naturaleza que me imagino como muy peculiar. Quien haya nombrado a esa cosa como pluma, seguramente la tomó en sus manos, la alzó delante de todos los que presenciaron la distinguida ceremonia y con voz potentísima dijo: "¡Por el poder que Elohim nos confirió a los hombres, desde ahora pluma serás llamada y como pluma caminarás sobre la tierra!".

Fernando hizo el cuerpo hacia adelante, como con la intención de levantarse de la silla. Carlos, que inmediatamente se dio cuenta, antes de que Fernando pudiera pararse dijo: "Ey, perdona, solo fue una bromita. No te levantes, por favor." Fernando regresó a la posición en que se encontraba y lo miró como diciendo: "Siempre me digo que dejaré de perder mi tiempo contigo y veme, aquí sigo." Y frente a él, del otro lado de la mesa, Estrada lo miraba como diciendo: "No te desharás de mí, los dos lo sabemos."

– El caso es que en el momento en que le comienzas a decir de alguna forma, ya tienes una relación bien clara con la cosa. Como es una pluma, cientos de posibilidades se pierden. Ya no va a ser cosa frecuente que se la utilice para mezclar el azúcar con el café, y mira que serviría bien. Pero, ¿y si tuviera otro nombre? No me mires así, sé que si sólo le cambias el nombre, se queda en lo mismo. Quiero decir: ¿y si cambiamos el sentido de lo que decimos que es la cosa-pluma?

– Pues no mucho, que empezaríamos a utilizarla para mezclar el café o apuñalar tiburones.

Carlos se inclinó hacia adelante, su cara perdió la expresión juguetona de costumbre.

– Sí, eso significa que todo este tiempo hemos tenido en frente un cuchillo para tiburones potencial y hasta ahorita nos damos cuenta. ¿Entiendes lo que eso significa?

– No sé… ¿Que si hubiera aparecido un tiburón no nos habríamos podido defender? –enderezó el cuerpo y sonrió brevemente, satisfecho de ridiculizarlo.

– Por favor, ahora no seas tú el que hace al idiota. Si la pluma además de para escribir, puede ser usada para acuchillar y mezclar café, es porque le dimos otro sentido. Vimos la cosa de una forma distinta y voila, una nueva posibilidad se nos abre. –Estrada soltaba las palabras de una manera violenta, desproporcionada al tono general que la conversación había guardado anteriormente. Así podemos hacer con el resto de las cosas en la habitación, como por ejemplo, aquel sombrero, visto de otra forma, puede ser usado como maceta. Ponemos tierra, unas semillas, agua y tendremos una planta en unas semanas. Ahora bien, si pudimos ver esas cosas en esos objetos, si pudimos ver ese otro sentido en ellas, es porque siempre estuvo ahí la posibilidad del cuchillo y la maceta, sólo que no lo veíamos. "¡Fantástico!" Dirás. "Hay muchos posibles usos a las cosas que todavía no he descubierto, mejor para mí." Pero déjame decirte que las posibilidades no terminan en nuevos usos que podamos encontrar para las cosas, no se trata solo de cómo pueden servirnos. ¡Las posibilidades son tantas como puedas imaginar, y aún más! Tal vez no es que encontremos nuevos usos, quizás todo depende de la forma en que ellos se dejan usar, en que se dejan tocar por uno. A las cosas las entendemos como lo hacemos, porque las vemos como herramientas, cosas hechas para nuestros intereses. ¿Ves? Decimos que el objeto se comporta para mí y desde mí. ¿Y si no? Son muchas las posibilidades, algunas de las cuales me inquietan particularmente. Puede que también ellos miren a la cara, de manera calma, a lo mejor sin darnos mucha importancia. Así como para nosotros por la costumbre, es natural que estén ahí, así nosotros para ellos. Pero desde otros ojos y otros oídos, con otras resonancias. Tal vez nos miran y nos oyen como sólo lo inanimado puede hacerlo… El no saber con qué me las veo en cada caso, me hace casi poder palpar el dorso del ciempiés que ahora podría estar sobre mis piernas.

Le pareció a Carlos que la imagen surtió efecto en Fernando. Pues éste quitó las manos de los brazos del sillón y se las frotó ansioso, sin saber en dónde ponerlas o en qué ocuparlas. Creo que es natural pensar que después, al recordar la sensación que lo atravesó en ese momento, haya intentado tranquilizarse atribuyéndola al convencimiento con que se expresaba Carlos y no a que la idea en cuestión fuera convincente.

– Aunque para serte franco –continuó Estada–, trato de no pensar en eso. Porque, después de todo, habiendo tantas posibilidades que resultan útiles. ¿Por qué debo concentrarme en las desagradables?

Se hizo el silencio. Tal vez Estrada esperaba que Fernando lo intentara convencer de que no había por qué pensar en esa posibilidad, de la misma manera en que lo hizo con la idea de los fideos. A lo mejor solo se le acabó la plática, no estoy seguro. Por su parte, Fernando estaba suspenso, se le veía en la cara. Y aunque no encontraba una razón por la qué pensar en esa posibilidad como un hecho, no podía dejar de considerar en que era, sin embargo, posible.

– Mira lo tarde que es, Fernando… Debo prepararme para mañana, tengo que recoger un traje en la tintorería y si no me apuro, no la voy a encontrar abierta. –dijo de repente, mientras se levantaba del asiento.

Era obvio que Carlos se sentía incómodo con la conversación e inventó lo de la tintorería para salir al paso, él mismo sabía que Fernando tampoco se creyó el cuento, que sabía lo que pasaba. No creyó que Fernando pensaría otra cosa sino que querría estar solo para despejarse, y aunque así fuera, no tenía importancia. Además dudaba que Fernando tuviera ánimos de seguir con la plática, lo que le dijo lo había dejado una honda impresión, se le notaba Ni siquiera intentó disimularlo, como hacía de ordinario y aunque hubiera querido, no habría podido. En esos casos, cuando de repente te cae el balde de agua encima, no tienes tiempo para hacerte de ánimo ni postura heroica alguna, a lo mucho se tiene tiempo para levantar los hombros y luego fijar por ahí la mirada idiota, que no acaba de entender que el tren le acaba de pasar encima.

– Te llamo en la semana para que vayas a recoger las cosas. –dijo Carlos, saliendo de la casa.

Todo lo ocurrido en casa de Fernando desde el momento en que Carlos se fue y hasta que regresó, dos días más tarde, es especialmente incierto. A partir de aquí, la reconstrucción se limitará a unas anotaciones de una naturaleza más o menos general y sólo hipotética. Pues a diferencia de lo narrado hasta ahora, de lo que pasó después no tenemos testimonio directo alguno. La reconstrucción se hará en base a lo que Estrada ha dicho en las entrevistas acerca del estado en que se encontraban y lo que sabemos sobre la personalidad de Fernando. Nos detuvimos en que Fernando se quedó solo en la casa, turbado por la plática con Carlos. Es probable que al momento se haya ocupado en alguna cosa, intentando ignorar el tema. Carlos mismo admite que no era una persona que gustara de dar muchas vueltas a los problemas. Aunque lo haya querido, no habrá logrado distraerse si para ese momento las cosas ya habían comenzado a presentarse de ese modo. Sin embargo no es probable que ya hubiera ocurrido, después de todo, no es un cambio que parezca pueda darse tan rápido.

Sería interesante saber si se trata de un cambio que pueda darse de repente, algo parecido a saltar desde un elevador que va hacia abajo a uno que va hacia arriba, o más exactamente, a uno del que sólo se sabe que no baja. Otra alternativa es que el cambio haya sido pausado y discreto, viéndolas así una a una, primero la secadora para pelo, luego el vaso de ahí, los audífonos y así hasta que llegue a ser el cuarto entero, o a lo mejor en una especie de crescendo, en el que ese carácter se va haciendo poco a poco más evidente en la totalidad de sus implicaciones. También podría darse en una mezcla de lo anterior, siendo que algunos objetos aislados cambien, al mismo tiempo que se presenta gradualmente en el resto.

Al final, sea que haya sido como un salto súbito, un lento giro o un poco de las dos, en algún momento el solo tacto de sus manos debió parecerle diferente, como si tocara con manos distintas a las suyas. O como si los objetos se dejaran sentir de otra forma –Fernando habrá pensado. Según Carlos Estrada, la diferencia consiste en algo que puede verse en la superficie de la cosa y que sin embargo, no es una textura, un color, ni nada que se le asemeje. "Es algo visible de la manera en que al suéter se le ve que nos quitará el frío en el momento en que nos lo pongamos." –dijo Carlos en la segunda de la serie de entrevistas. Según logro entender, consiste en un cambio en el papel que se sabe juega cada cosa respecto al resto. Como la voluntad sobre el control remoto, el control remoto sobre la televisión, la televisión sobre la mirada, la mirada sobre la conciencia etc.

Bajo esta interpretación, lo que en cada caso entendemos por la cosa tal, está determinado por el papel que ésta juega con respecto a la cosa de allí y la de acá. Aunque por algo dicho por Carlos más adelante en la misma entrevista, pienso que entenderlo de éste modo, es quedarse corto. "Si cambia nada más una de las cosas, el resto se verán implicadas, sí, pero muy poco. ¿Ves? El que esta mesa cambie o que lo hagan las mesas en general, poco o nada afectará a Venus. Lo que quiero decir es otra cosa." Por desgracia nunca deja claro qué es lo que quiere decir. Motivo por el que, en primer lugar, es necesaria la mentada reconstrucción. Lo que sí sugiere es que se trata de algo mucho más general y profundo que un simple cambiar la mesa por sombrero, más incluso que cambiar todas las cosas en otros útiles diferentes a los que ya son. Se trata de entenderlas como algo de lo que no puede saberse realmente nada, como posibles casi cualquier cosa. Fernando se habrá encontrado en su casa sin saber si llamarla casa y entenderla como casa, sin saber la manera en que debía interactuar con ésta. Eso parece constatarlo la manera en que Estrada lo encontró dos días más tarde, cuando fue a buscarlo a su casa, para preguntarle qué iban a hacer con las cosas que Fernando quedó de recoger

Estrada entró a la casa de Fernando después de tocar a la puerta y que nadie contestara. La escena que vio le pareció la más ordinaria que podía esperarse en la casa de Fernando, todo lucía como siempre. Subiendo las escaleras o ya en el pasillo (no lo recuerda, había muchos papeles tirados en el suelo), pisó mierda. En ese momento, aunque sabía que algo no marchaba bien, no había logrado dilucidarlo del todo. Fue hasta que entró al cuarto de Fernando y lo encontró enroscado sobre su cama, que supo de qué se trataba. Es por todos sabido lo que ocurrió después, Carlos Estrada tomó el arma que sabía estaba dentro del buró. Luego fue hacia el clóset, donde estaban las municiones, cargó el arma y le disparó una sola vez, en la cabeza. Lo que más ha llamado la atención del público sobre este caso es que no se encontraron pruebas de lucha, tampoco el examen toxicológico encontró muestras que indiquen que Fernando se haya encontrara sedado. La versión oficial dice que fue asesinado mientras se encontraba dormido, sin embargo encuentro sugerente la versión de Carlos. La cual puede fácilmente extraerse de la última de las entrevistas, que yo mismo hice.

"La prensa no ha hecho otra cosa que confundirse más y más, al buscarme y después inventarme motivos que nunca tuve. Fernando era mi amigo y nunca hubo problemas graves entre nosotros. Por lo que la razón que tuve para matarle no cae dentro de las de las disputas ordinarias. En las que una de las partes, movida por una ira ciega, mata al que fuera su amigo o amante, sabes a qué me refiero. Más que asesinato, fue algo parecido a la eutanasia, estoy seguro que Fernando se habría matado en cuanto se hubiera recuperado. En el estado en que lo encontré no habría podido, estaba como catatónico. Lo que pasa es que miró en el abismo y no pudo darse media vuelta y olvidarlo. Uno no puede vivir con ese tipo de cosas presentes en la cabeza, ¿sabes? O por lo menos, creo que no debería. En cualquier caso, no creo haber tomado una decisión equivocada. Si supieras de lo que te hablo, estoy seguro que estarías de acuerdo conmigo, incluso puede que hubieras hecho lo mismo."