Etiquetas

martes, 2 de marzo de 2010

Las cosas detrás de las cosas


 

Tiempo después de comenzada la discusión, Fernando comenzó  a pensar que Carlos Estrada era un payaso y no había forma alguna de hacerlo entrar en razón. Hacía un par de horas, habían comenzado una discusión en la cual Estrada se empecinaba en hacer ver como igualmente plausibles que las explicaciones "del sano sentido común" de Fernando, sus invenciones intencionalmente farragosas. Estrada sostenía que por lo que sabía Fernando, era posible que en el momento en que él apartara la mirada de cualquier cosa, ésta se volviera transparente y perdiera consistencia, transformándose en algo parecido a gelatina. A esto respondía pacientemente al principio y con cierta condescendencia, como quien de antemano sabe ganada la batalla. Paulatinamente, la condescendencia se tornó en impaciencia. Fernando quedaba cada vez más sorprendido de la forma en que desechaba una alternativa plausible por otra inverosímil, en una manera que a sus ojos no podía ser sino debida a puro capricho.

Antes de proseguir a otras cosas, debemos aclarar un detalle importante. ¿Por qué un payaso y no más bien un simple bobo? La respuesta no nos es difícil ahora que todo ha pasado y podemos ver la imagen completa, a diferencia de como a Fernando seguramente le parecía en su estado de confusión y enojo. Un payaso es aquella persona que se enharina la cara, se pone una gran nariz roja y ofrece una ficción que se sabe ficción con el propósito de hacer reír. Y por esto último, caracterizar a Carlos como un payaso, es un error. A diferencia de lo que pudiera creer Fernando, Estrada no buscaba tanto la risa como el asombro y las posibilidades que abren el enigma. La idea de dar respuesta a cualquier cuestión sobre las cosas del mundo, no solo le parecía exagerada por pretenciosa, también le parecía dañina, pues las respuestas por definición desvanecen el enigma y las posibilidades que como su sombra, le siguen a todas partes. En cualquier caso, creo que llamarlo mago o ilusionista habría sido más adecuado.

–Mira, te concedo que no solo por ser posibles las ideas de los fideos omni abarcantes y de la gelatina, debemos creer que son verdaderas. –dijo Carlos, sonriendo como quien acaba de romper una ventana de una pedrada.

–Payaso…–dijo Fernando, luego comenzó a rascarse nerviosamente el cuello, visiblemente irritado.

–Prometo dejar de decir cosas nada más por encabronarte. –rió Estrada. Pero ahora escucha esto y piensa si no te parece razonable, aunque sea un poquito. Pongamos por caso todo esto sobre la mesa. ¿Qué es eso? –señaló algo.

–Una pluma.    

– ¿Qué es esa otra cosa?

–Una revista.

– Estas cosas sobre la mesa tienen los nombres que muy amablemente mencionaste. Esos nombres, como buenos adanes, se los pusieron algunas personas en situaciones de una naturaleza que me imagino como muy peculiar. Quien haya nombrado a esa cosa como pluma, seguramente la tomó en sus manos, la alzó delante de todos los que presenciaron la distinguida ceremonia y con voz potentísima dijo: "¡Por el poder que Elohim nos confirió a los hombres, desde ahora pluma serás llamada y como pluma caminarás sobre la tierra!".

Fernando hizo el cuerpo hacia adelante, como con la intención de levantarse de la silla. Carlos, que inmediatamente se dio cuenta, antes de que Fernando pudiera pararse dijo: "Ey, perdona, solo fue una bromita. No te levantes, por favor." Fernando regresó a la posición en que se encontraba y lo miró como diciendo: "Siempre me digo que dejaré de perder mi tiempo contigo y veme, aquí sigo." Y frente a él, del otro lado de la mesa, Estrada lo miraba como diciendo: "No te desharás de mí, los dos lo sabemos."

– El caso es que en el momento en que le comienzas a decir de alguna forma, ya tienes una relación bien clara con la cosa. Como es una pluma, cientos de posibilidades se pierden. Ya no va a ser cosa frecuente que se la utilice para mezclar el azúcar con el café, y mira que serviría bien. Pero, ¿y si tuviera otro nombre? No me mires así, sé que si sólo le cambias el nombre, se queda en lo mismo. Quiero decir: ¿y si cambiamos el sentido de lo que decimos que es la cosa-pluma?

– Pues no mucho, que empezaríamos a utilizarla para mezclar el café o apuñalar tiburones.

Carlos se inclinó hacia adelante, su cara perdió la expresión juguetona de costumbre.

– Sí, eso significa que todo este tiempo hemos tenido en frente un cuchillo para tiburones potencial y hasta ahorita nos damos cuenta. ¿Entiendes lo que eso significa?

– No sé… ¿Que si hubiera aparecido un tiburón no nos habríamos podido defender? –enderezó el cuerpo y sonrió brevemente, satisfecho de ridiculizarlo.

– Por favor, ahora no seas tú el que hace al idiota. Si la pluma además de para escribir, puede ser usada para acuchillar y mezclar café, es porque le dimos otro sentido. Vimos la cosa de una forma distinta y voila, una nueva posibilidad se nos abre. –Estrada soltaba las palabras de una manera violenta, desproporcionada al tono general que la conversación había guardado anteriormente. Así podemos hacer con el resto de las cosas en la habitación, como por ejemplo, aquel sombrero, visto de otra forma, puede ser usado como maceta. Ponemos tierra, unas semillas, agua y tendremos una planta en unas semanas. Ahora bien, si pudimos ver esas cosas en esos objetos, si pudimos ver ese otro sentido en ellas, es porque siempre estuvo ahí la posibilidad del cuchillo y la maceta, sólo que no lo veíamos. "¡Fantástico!" Dirás. "Hay muchos posibles usos a las cosas que todavía no he descubierto, mejor para mí." Pero déjame decirte que las posibilidades no terminan en nuevos usos que podamos encontrar para las cosas, no se trata solo de cómo pueden servirnos. ¡Las posibilidades son tantas como puedas imaginar, y aún más! Tal vez no es que encontremos nuevos usos, quizás todo depende de la forma en que ellos se dejan usar, en que se dejan tocar por uno. A las cosas las entendemos como lo hacemos, porque las vemos como herramientas, cosas hechas para nuestros intereses. ¿Ves? Decimos que el objeto se comporta para mí y desde mí. ¿Y si no? Son muchas las posibilidades, algunas de las cuales me inquietan particularmente. Puede que también ellos miren a la cara, de manera calma, a lo mejor sin darnos mucha importancia. Así como para nosotros por la costumbre, es natural que estén ahí, así nosotros para ellos. Pero desde otros ojos y otros oídos, con otras resonancias. Tal vez nos miran y nos oyen como sólo lo inanimado puede hacerlo… El no saber con qué me las veo en cada caso, me hace casi poder palpar el dorso del ciempiés que ahora podría estar sobre mis piernas.

Le pareció a Carlos que la imagen surtió efecto en Fernando. Pues éste quitó las manos de los brazos del sillón y se las frotó ansioso, sin saber en dónde ponerlas o en qué ocuparlas. Creo que es natural pensar que después, al recordar la sensación que lo atravesó en ese momento, haya intentado tranquilizarse atribuyéndola al convencimiento con que se expresaba Carlos y no a que la idea en cuestión fuera convincente.

– Aunque para serte franco –continuó Estada–, trato de no pensar en eso. Porque, después de todo, habiendo tantas posibilidades que resultan útiles. ¿Por qué debo concentrarme en las desagradables?

Se hizo el silencio. Tal vez Estrada esperaba que Fernando lo intentara convencer de que no había por qué pensar en esa posibilidad, de la misma manera en que lo hizo con la idea de los fideos. A lo mejor solo se le acabó la plática, no estoy seguro. Por su parte, Fernando estaba suspenso, se le veía en la cara. Y aunque no encontraba una razón por la qué pensar en esa posibilidad como un hecho, no podía dejar de considerar en que era, sin embargo, posible.

– Mira lo tarde que es, Fernando… Debo prepararme para mañana, tengo que recoger un traje en la tintorería y si no me apuro, no la voy a encontrar abierta. –dijo de repente, mientras se levantaba del asiento.

Era obvio que Carlos se sentía incómodo con la conversación e inventó lo de la tintorería para salir al paso, él mismo sabía que Fernando tampoco se creyó el cuento, que sabía lo que pasaba. No creyó que Fernando pensaría otra cosa sino que querría estar solo para despejarse, y aunque así fuera, no tenía importancia. Además dudaba que Fernando tuviera ánimos de seguir con la plática, lo que le dijo lo había dejado una honda impresión, se le notaba Ni siquiera intentó disimularlo, como hacía de ordinario y aunque hubiera querido, no habría podido. En esos casos, cuando de repente te cae el balde de agua encima, no tienes tiempo para hacerte de ánimo ni postura heroica alguna, a lo mucho se tiene tiempo para levantar los hombros y luego fijar por ahí la mirada idiota, que no acaba de entender que el tren le acaba de pasar encima.

– Te llamo en la semana para que vayas a recoger las cosas. –dijo Carlos, saliendo de la casa.

Todo lo ocurrido en casa de Fernando desde el momento en que Carlos se fue y hasta que regresó, dos días más tarde, es especialmente incierto. A partir de aquí, la reconstrucción se limitará a unas anotaciones de una naturaleza más o menos general y sólo hipotética. Pues a diferencia de lo narrado hasta ahora, de lo que pasó después no tenemos testimonio directo alguno. La reconstrucción se hará en base a lo que Estrada ha dicho en las entrevistas acerca del estado en que se encontraban y lo que sabemos sobre la personalidad de Fernando. Nos detuvimos en que Fernando se quedó solo en la casa, turbado por la plática con Carlos. Es probable que al momento se haya ocupado en alguna cosa, intentando ignorar el tema. Carlos mismo admite que no era una persona que gustara de dar muchas vueltas a los problemas. Aunque lo haya querido, no habrá logrado distraerse si para ese momento las cosas ya habían comenzado a presentarse de ese modo. Sin embargo no es probable que ya hubiera ocurrido, después de todo, no es un cambio que parezca pueda darse tan rápido.

Sería interesante saber si se trata de un cambio que pueda darse de repente, algo parecido a saltar desde un elevador que va hacia abajo a uno que va hacia arriba, o más exactamente, a uno del que sólo se sabe que no baja. Otra alternativa es que el cambio haya sido pausado y discreto, viéndolas así una a una, primero la secadora para pelo, luego el vaso de ahí, los audífonos y así hasta que llegue a ser el cuarto entero, o a lo mejor en una especie de crescendo, en el que ese carácter se va haciendo poco a poco más evidente en la totalidad de sus implicaciones. También podría darse en una mezcla de lo anterior, siendo que algunos objetos aislados cambien, al mismo tiempo que se presenta gradualmente en el resto.

Al final, sea que haya sido como un salto súbito, un lento giro o un poco de las dos, en algún momento el solo tacto de sus manos debió parecerle diferente, como si tocara con manos distintas a las suyas. O como si los objetos se dejaran sentir de otra forma –Fernando habrá pensado. Según Carlos Estrada, la diferencia consiste en algo que puede verse en la superficie de la cosa y que sin embargo, no es una textura, un color, ni nada que se le asemeje. "Es algo visible de la manera en que al suéter se le ve que nos quitará el frío en el momento en que nos lo pongamos." –dijo Carlos en la segunda de la serie de entrevistas. Según logro entender, consiste en un cambio en el papel que se sabe juega cada cosa respecto al resto. Como la voluntad sobre el control remoto, el control remoto sobre la televisión, la televisión sobre la mirada, la mirada sobre la conciencia etc.

Bajo esta interpretación, lo que en cada caso entendemos por la cosa tal, está determinado por el papel que ésta juega con respecto a la cosa de allí y la de acá. Aunque por algo dicho por Carlos más adelante en la misma entrevista, pienso que entenderlo de éste modo, es quedarse corto. "Si cambia nada más una de las cosas, el resto se verán implicadas, sí, pero muy poco. ¿Ves? El que esta mesa cambie o que lo hagan las mesas en general, poco o nada afectará a Venus. Lo que quiero decir es otra cosa." Por desgracia nunca deja claro qué es lo que quiere decir. Motivo por el que, en primer lugar, es necesaria la mentada reconstrucción. Lo que sí sugiere es que se trata de algo mucho más general y profundo que un simple cambiar la mesa por sombrero, más incluso que cambiar todas las cosas en otros útiles diferentes a los que ya son. Se trata de entenderlas como algo de lo que no puede saberse realmente nada, como posibles casi cualquier cosa. Fernando se habrá encontrado en su casa sin saber si llamarla casa y entenderla como casa, sin saber la manera en que debía interactuar con ésta. Eso parece constatarlo la manera en que Estrada lo encontró dos días más tarde, cuando fue a buscarlo a su casa, para preguntarle qué iban a hacer con las cosas que Fernando quedó de recoger

Estrada entró a la casa de Fernando después de tocar a la puerta y que nadie contestara. La escena que vio le pareció la más ordinaria que podía esperarse en la casa de Fernando, todo lucía como siempre. Subiendo las escaleras o ya en el pasillo (no lo recuerda, había muchos papeles tirados en el suelo), pisó mierda. En ese momento, aunque sabía que algo no marchaba bien, no había logrado dilucidarlo del todo. Fue hasta que entró al cuarto de Fernando y lo encontró enroscado sobre su cama, que supo de qué se trataba. Es por todos sabido lo que ocurrió después, Carlos Estrada tomó el arma que sabía estaba dentro del buró. Luego fue hacia el clóset, donde estaban las municiones, cargó el arma y le disparó una sola vez, en la cabeza. Lo que más ha llamado la atención del público sobre este caso es que no se encontraron pruebas de lucha, tampoco el examen toxicológico encontró muestras que indiquen que Fernando se haya encontrara sedado. La versión oficial dice que fue asesinado mientras se encontraba dormido, sin embargo encuentro sugerente la versión de Carlos. La cual puede fácilmente extraerse de la última de las entrevistas, que yo mismo hice.

"La prensa no ha hecho otra cosa que confundirse más y más, al buscarme y después inventarme motivos que nunca tuve. Fernando era mi amigo y nunca hubo problemas graves entre nosotros. Por lo que la razón que tuve para matarle no cae dentro de las de las disputas ordinarias. En las que una de las partes, movida por una ira ciega, mata al que fuera su amigo o amante, sabes a qué me refiero. Más que asesinato, fue algo parecido a la eutanasia, estoy seguro que Fernando se habría matado en cuanto se hubiera recuperado. En el estado en que lo encontré no habría podido, estaba como catatónico. Lo que pasa es que miró en el abismo y no pudo darse media vuelta y olvidarlo. Uno no puede vivir con ese tipo de cosas presentes en la cabeza, ¿sabes? O por lo menos, creo que no debería. En cualquier caso, no creo haber tomado una decisión equivocada. Si supieras de lo que te hablo, estoy seguro que estarías de acuerdo conmigo, incluso puede que hubieras hecho lo mismo."


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario